Tras un viernes y un sábado,
la cabeza no se detiene cuando alguien dice: “Ya está bien… Ahora una
cervecita”. La testa, “testaruda”, continúa girando. No se toma vacaciones y
sigue moviendo engranajes, quitando aquello de aquí para ponerlo allá y
sustituyendo lo que antes era de una manera, por lo que ahora es de otra.
Nuevas palabras, nuevas ideas, nuevo idioma… nuevo collar de perlas que lucir.
Y es que el concepto de lo referencial y lo conativo ha encendido el motor.
Porque cierto es que estaba ahí, siempre lo ha estado. Pero, como en la vida
misma, el melón ni se había dado cuenta. Antes oía llover y algunas veces
sacaba el paraguas, otras miraba hacia arriba y abría la boca para refrescarse,
otras se resguardaba bajo una marquesina, otras bailaba como en el musical de Broadway…
Pero… ahora… el efecto cambiante, aún siendo relevante, ha perdido
protagonismo, porque… Joder! Está lloviendo!!!
L. Cancrini con la voz de
José, o José versionando palabras de L. Cancrini, reflexionó sobre un adelanto recurrente
y su consecuente retraso. Diferentes contextos e igual comportamiento y la
importancia de analizar lo previo, de reflexionar el inicio de la terapia,
previamente a la primera sesión. Eso empapa. Deja poso en “la testaruda”. Activa,
de algún modo, neuronas, engranajes y asociaciones. Y de repente, algo no
termina de cuadrar, algo suena a destiempo. Porque, en la práctica, lo que
ocurre en el punto de encuentro es generalmente lo contrario: Por mucho que se
pongan reglas, trabas y dificultades para que las partes no se crucen en el
desarrollo de las visitas, los papás y las mamás buscan e inventan escusas y
remiendos para poder tropezarse y enzarzarse. Y eso lo hacen casi todas, o
todas menos precisamente ésta. La que nos ocupa. Los C-H han sido y son, en ese
sentido, “alumnos muy obedientes”. Siempre han Cumplido a rajatabla. Si se les
dice 10 antes y 10 después, el uno llega 15 antes y la una 15 después. Pero
cuando se les ha dicho que a la vez, a lo mejor de 15 pasaron a 10, o a 5…,
pero nunca fue a la vez, siempre ha estado el “él antes” y siempre el “ella después”.
Una persistencia repetitiva, redundante, conativa, relacional… como diciendo
muchas cosas: quizá “juntos no, que se puede liar”; quizá “él antes, porque yo
subo lento las escaleras”; quizá “yo antes, que así parece que tengo más
ganas”; quizá “perlas…”. Sea lo que sea responde a su nivel conativo, a su
patrón relacional, que no pasa por no estar juntos, porque también, es un hecho
que, a día de hoy, los C-H nunca faltan, no se lo quieren perder, siempre
asisten, aunque sea llegando uno antes y otro después, con esa particular carta
de presentación…
Ahora quedan dos, sólo dos.
Aparentemente muy poco. Ocho años de rígida definición versus un mes y medio
para redefinir. Soldados enemigos entrenados en descuartizarse frente a una
bandera blanca que se ondea en boca de Alfonso. Y quieren hablar. Hablar. Pero…
hablar como un medio para la redefinición? O… hablar como una nueva “perla”
para mantener su patrón relacional? Habrá que averiguarlo con cautela. Al
menos, podría suponer dejar a los hijos al margen (será así?), porque antes, al
no poder comunicarse directamente, ambos sólo podían dispararse con balas del
“calibre niño”. Y ahora, en el terreno del diálogo, eso no sucede. Sin embargo,
el nivel conativo permanece similar y cada uno se ha mostrado, por el momento,
experto en el calibre de la voz o en el calibre del silencio. Por ser
optimistas, en la última sesión se ha introducido una novedad: Ya no se pide
que ellos se respeten, que colaboren, ahora se ha introducido el requisito de
que respeten al tercero, a Alfonso y, sorprendentemente, en eso sí colaboran y
se esfuerzan, y SON CAPACES de conseguirlo. En lo demás, aunque sigue lloviendo,
quizá ha aumentado la esperanza de que el sol pueda asomarse, tímidamente,
entre las nubes.
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